Aldo Rebelo: El país festeja siempre la conquista de un legado inconmensurable

04/03/2014 - 14:04

Foto: Glauber Queiroz/ME#Aldo Rebelo - Ministro de Deporte

Este año de 2014 es especial para el fútbol. En agosto, la selección brasilera completa 100 años. En febrero, el fútbol brasilero hizo 120 años. En junio/julio, Brasil será sede de la 20ª Copa Mundial FIFA. Será la segunda Copa en el país, la quinta en América del Sur. Uruguay, Argentina y Chile también ya recibieron el torneo.

¡Quién sabe cuándo habrá otra oportunidad de ver a todas las selecciones campeonas mundiales disputando un título más en el país que jugó todas las Copas Mundiales, fue sede de una y ganó cinco! Para aquel que le gusta el fútbol, una fiesta única.

En 1894, el joven brasilero Charles Miller – hijo de un escocés empleado en la San Pablo Railway Company, llamado John D`Silva Miller, y de una brasilera de origen inglesa, llamada Carlota Fox – volvió a Brasil después de 10 años estudiando en Inglaterra. En las tierras de la Reina, practicaba rugby, cricket y el total, jugado por los operarios ingleses en las tardes de sábado.

En su retorno a San Pablo, Charles trajo en la valija dos pelotas viejas, una bomba para llenarlas, un par de botines (en aquel tiempo llamados botinas), uniformes usados y un librito con las reglas del juego de pelota. Cuando aquellas pelotas viejas rodaron, tocadas por los pies de los ferroviarios paulistanos, el football inventado por los súbditos de la Reina, comenzó a transformarse en fútbol y, modestia aparte, pasó a ser perfeccionado.

Convocada por primera vez el 20 de agosto de 1914, la selección brasilera conquistó, un mes después, un título internacional: la Copa Roca, creada para aproximar Brasil y Argentina. Derrotamos a los vecinos por 1 a 0 en Buenos Aires. Una semana antes, habíamos perdido un amistoso por la misma Argentina por 3 a 0.

Desde entonces, ganamos cinco Copas Mundiales, cuatro Copas Confederaciones y vencimos ocho veces la Copa América. Victorias colectivas construidas a partir del arte de los pioneros Friedenreich (El Tigre) de la década de 1920; Fausto, la Maravilla Negra de la primera Copa, en 1930; Leonidas da Silva, el mejor de la Copa Mundial de 1938, y consolidadas por las generaciones siguientes.

Después de la tragedia de 1950, cuando perdimos la final con Uruguay en el Maracanã – entonces el mayor estadio del mundo– tomado por casi 200 mil personas, vieron al Rey Pelé, Garrincha, Vavá, Zagallo, Didi, Zito, Rivelino, Zico, Falcão, Sócrates, Ademir da Guia, hijo del Divino Domingos da Guia... Y  Brasil se transformó en el mayor vencedor de Copas Mundiales de la FIFA.

No hay espacio aquí, para relatar las hazañas individuales de nuestros cracks. Pero dos de ellas sirven para homenajear a todas las otras: son brasileros, el más grande jugador de todos los tiempos – Pelé – y el más grande goleador de las Copas, Ronaldo, que marcó 15 goles en tres torneos.

No son pocas, por lo tanto, las cualidades que avalan a Brasil para, de aquí a cien días, abrir la 20ª Copa Mundial de Fútbol e iniciar la más grande fiesta del deporte que emociona a miles de millones de personas en todos los rincones de la Tierra. Nada más justo entonces, que en el año del centenario de la selección, el fútbol esté en “casa”, de donde se proyectó para ser ese gran espectáculo que emociona y fascina al planeta.

El país sede puede no vencer, necesariamente, la Copa Mundial (sufrimos de ese mal en 1950), pero festeja siempre, la conquista de un legado inconmensurable. El megaevento deportivo más codiciado y seguido del planeta, disputado con uñas y dientes por los países más desarrollados, es un motor de progreso, y farol de proyección geopolítica.

Como deseo, esperamos que al sonar el silbato final en el Maracaná, el 13 de julio de 2014,  Brasil sea campeón. Como realidad concreta e irreversible, quedará un resultado extraordinario para beneficio del pueblo brasilero. Los números son auspiciosos. El último balance de la Copa Mundial, que tiene como referencia el mes de septiembre, muestra que las inversiones públicas y privadas ya alcanzan R$ 25.600 millones.

Las consultorías Ernst &Young y Fundación Getúlio Vargas calculan que, entre 2010 y 2014, se moverán R$ 142.390 millones adicionales en la economía nacional. Para cada R$ 1 aplicado por el sector público, R$ 3,4 serán invertidos por la iniciativa privada a partir de las obras estructurales.

Deben generarse 3,6 millones de empleos– el equivalente a la población de Uruguay. La recaudación de impuestos alcanzará R$ 11.000 millones y la población va a obtener una renta adicional de R$ 63.480 millones sólo en este cuatrimestre.

Según la prospección de la consultoría Value Partners, las inversiones van a agregar R$ 183.200 millones al Producto Interno Bruto hasta 2019. Los efectos en la economía serán aún más fecundos si  Brasil gana la Copa Mundial. El estudio del investigador británico John S. Irons, del “Center for American Progress”, indica que el torneo de la FIFA “hace rodar la pelota de la economía” del país anfitrión que levanta la Copa. El PIB de Inglaterra, que creció 2% en la Copa de 1966, aumentó para más de 3% en los dos años siguientes. Un fenómeno idéntico ocurrió con la Argentina, sede y vencedora del torneo de 1978.

Fuera de los aspectos económicos, la Copa Mundial es, antes que nada, una contagiante fiesta deportiva que, al realizarse en el País del Fútbol, encuentra  su campo perfecto. El resonante éxito popular de la Copa de las Confederaciones fue una preliminar de la jornada de 2014. Comprendiendo su importancia social y lúdica, el pueblo brasilero es a favor de la Copa Mundial.

Como hemos visto, la fiesta del fútbol innova o acelera las obras de infraestructura para usufructo perenne del pueblo, atrae turistas, mejoras en la seguridad, empleos, aumento capilarizado de negocios y consecuente incremento del PIB. Cuando el balón comience a rodar, el día 12 de junio, los aficionados al fútbol verán que Brasil sabe realizar una Copa Mundial,  como ganarla así también.

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